Sandra y los cortes de luz

Sandra estaba furiosa. Otra vez se había ido la luz. Esta vez durante 3 o 4 minutos. Dicho así no parece mucho, pero las máquinas se le habían parado en seco. En un par de minutos había arrancado el grupo electrógeno y algunas máquinas habían vuelto a funcionar, pero otras tenían que arrancar manualmente.

Los cortes de luz en la industria

Lo peor eran las dos líneas de control numérico. Allí se fabricaban piezas especiales no estandarizadas en tiradas cortas, y cuando se iba la luz había que reprogramarlas. Este proceso podría tardar varias horas. Además, las piezas que se habían quedado a medias había que tirarlas y limpiar la línea. En términos económicos suponía un desastre.

Era la cuarta vez que pasaba este mes. Para la compañía eléctrica unos pocos apagones de minutos o segundos no era nada, pero para ella era una ruina. A poco que fallara la luz las líneas de control numérico se le paraban sin que diera tiempo a entrar el grupo electrógeno. Con las otras máquinas era un incordio aunque lo podía gestionar. Pero con estas era un problema tremendo.

En su frustración recordó los días del gran apagón de 2025. Todo el polígono se quedó parado y tardaron días en recuperar la normalidad. Todos menos la empresa de Fausto, que tenía un sistema de energía solar. Recordaba que le sorprendió porque había oído que la energía solar también dejaban de funcionar con los cortes de luz, pero por algún motivo no fue su caso.

Evitando microcortes y apagones con energía solar

Al día siguiente Sandra estaba almorzando con Fausto en el bar del polígono. La instalación se la había hecho una empresa que se llamaba Alabama Split. Era una ingeniería llave en mano especializada en pequeñas y medianas empresas. Lo que más le llamó la atención a Fausto en su día fue el estudio pormenorizado que hicieron de su industria antes de proponer su solución personalizada.

Su empresa tenía un grupo electrógeno de emergencia por si fallaba la red eléctrica, pero como habían crecido y ampliado maquinaria se les quedaba un poco corto. Esto significa que cuando entraba en funcionamiento no podían trabajar todas las máquinas a la vez. Ellos no tenían ningún proceso crítico como Sandra, pero cuando se iba la luz se les caía internet y todos los ordenadores porque no daba tiempo a entrar al grupo, lo cual no dejaba de ser un fastidio.

El sistema solar que diseñaron para Fausto además de las placas tenía un inversor industrial con función full back-up y tiempo de respuesta ultrarrápido. También tenía baterías pero sin demasiada capacidad, ya que ésta se la daba el grupo.

Todo estaba concebido para que en caso de fallo de la red eléctrica la empresa ni lo notara. No había cortes de luz ni paradas. El inversor proporcionaba la potencia supletoria que le faltaba al grupo de forma que todo siguiera funcionando igual que si hubiera red. Por supuesto, también internet y los ordenadores, que ahora no se apagaban.

Cuando Sandra volvió a su despacho no tardó ni un minuto en llamar a aquella empresa. Solo les dijo una cosa: “Quiero una instalación como la de Fausto”.

Dos meses después, Sandra se había olvidado para siempre de los cortes de luz.